Haciéndome sentir fuera del mundo,
pero sin sentir el hedor del miedo caer en su propia noche.
Sin poder ver las horas que en las auroras se esparcen como neblina.
Al borde del espacio entre el ahora y el después me siento levitar en la inexistencia de mi vacío...
cuantas lágrimas se estrellaron en el manto de mi sueño, iluminando el espacio que inventó mi ineptitud para que la soledad doliera menos.
La noche clausura tu mirada hasta llegar al amanecer,
donde el viento no susurra lunas o planetas sin vida.
Resplandeciendo en el fondo de mis ojos,
se ahoga tu rostro en el olvido de un momento
que cabe tan sólo en una pagina o en un instante
quizás en un destello...
pero en mi sueño cabe en un día de un millón de años
en un lugar...
muy lejos de nadie.
3 comentarios:
Vuelve a gustarme. La constancia poética es una virtud. Te felicito.
Escribes muy bonito.
Un saludo.
Me has dejado con un sentimiento en el cuerpo que no hay palabras, es increíble.
lucesenparis.blogspot.com
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