El atardecer fue un frió soplo helado, un leve y extraño resplandor cubría la tarde moribunda con curiosos rayos de un sol muerto...y su corazón estaba frió con el mio recostado sobre su respiración que yo intentaba seguir para complementar mi vida con la suya. Fue el aire de sus pulmones en mi rostro lo que aquel día me recordó que el sentimiento más puro no es la soledad o el pasado una lejana dimensión de mundos eternos, e intente decírselo con mi mirada que se estaba ahogando en la suya preguntándose entonces, si yo ahora formaba parte de sus preciados deseos...estaba aterrada mi alma por perderlo y ese miedo podía sentirlo la suya donde yo me estaba transformando en otro de sus fantasmas. Trate con tantas fuerzas fundirme en alguna parte de su cuerpo desnudo para así nunca haber existido o ser el producto de algunos de sus sueños, pero al final, los besos nos recorrieron sin dejar espacio para decir que no nos conocíamos completamente. Se cerraron sus ojos cuando los míos aun lo observaban, y me decía a mi mismo si era merecedor de verlo a mi lado ahora dormido...la noche fue la única que escucho mis susurros cuando le hablaba a su inconsciente, perdiéndose mis palabras en las estrellas que afuera eran sólo luces que aguardaban cruelmente nuestro final. Lo amó mi alma creyéndolo una utopía perfecta, pero eramos un triste refugio donde no cabían ambas depresiones. Amaron mis manos posarse en su rostro, se enamoraron mis labios de sus enigmáticos besos y hoy todavía me pregunto cuando el ojo ciego de la noche no me ve, si algún día abrirá los ojos lo que en él duerme y yo no fui capaz de despertar. Pero cuando bajan las nubes del cielo allí aun logro verlo y la veracidad de lo que siento hace florecer en mi tantas rosas que me ahogan con su perfume y me lastiman con su belleza y no me deja aceptar cuando en esa fantasía su voz me dice tiernamente que nunca sintió nada por mi. Llorar es sólo un gesto al que me he acostumbrado para poder irme algún día sabiendo que lo único que quise fue estar junto a él, muy cerca de su frió corazón que hoy carece de calor y muere cada día.
17.2.13
11.2.13
Efímeros Instantes
5.2.13
La bella Annette
Le Suplicaban las flores para que sus dedos no rozaran su frágil existencia, dormían para siempre los ciervos cuando ella les cerraba su mirada, volaban lejos los insectos para no morir con el aroma a rosas de su piel encantada. Y las hojas carmín se quemaban en un fuego las noches en la que ella se refugiaba del frío y esperaba apacible que al despertar en la mañana la luz fuera tan brillante como lo era en sus sueños y que aquella estrella que hablaba de un lugar inmortal cruzara vertiginosa sobre el manto que la abrigaba y era su único consuelo. Pero aun así el alba continuaba siendo más oscuro y aquel tétrico bosque la castigaba aves muertas caidas del cielo como ángeles al infierno. Los arboles tímidos que clavados a la tierra no podía escapar temblaban como una tormenta en invierno...
-Annette- susurro un árbol moribundo-
y ella se acerco sorprendida y omnipotente tal como si fuese arrastrada en el viento como una hoja de papel escrita en el cielo, al instante sus manos estaban posadas en las ramas del viejo roble,
-Annete, eres el ser más hermoso que vive en este bosque pero con tu belleza agoniza la vida y para contrarrestar la muerte que te persigue debes crear vida, porque cuando no exista nadie más que sucumba tras tu belleza seras tú misma quien morirá.-
y el árbol murió con ella sentada en sus gigantes raíces que salían de la tierra como desesperadas por huir muy lejos. Tanta belleza y pureza la habían vuelto impura, tantas muertes y agonías gobernaban sus pensamientos, Annette lloro, sintiéndose abatida, desolada, llevando la tristeza cansada, rogando convertirse en un horrible ser que la despoje de su bella maldición. Con su llanto nublo la luz y fallecieron un centenar de flores.
-¿Por qué están importante la vida, si todos nacimos para estar muertos?-, se pregunto.
Y una de sus lagrimas cayó al suelo del bosque, sólo una lágrima, un arrepentimiento, un gesto de verdadera humanidad dentro de su imperturbable corazón, absorto e imprevisible. Annette miro al suelo cuando de esa lágrima brotaba un resplandor gris que la envolvía sin convertirse en tinieblas, un luz como una luna de fortunas inesperadas, un cálido sol de sus ojos caídos en la soledad ...y al desvanecerse el resplandor, se dejo ver un hombre desnudo, no tanto como ella que ocultaba su cuerpo tras un vestido de seda transparente, el hombre abrió sus ojos grises como el olvido del pasado, como la mirada ciega de la noche y cada cadáver que observo renació después de cada parpadeo. El extraño hombre, el más hermoso y perfecto que hubiese nacido en el bosque se acerco a la viuda de una maldición ancestral, quien era poseedor de una vida más fuerte que la su belleza maldita, capaz de tocar su piel sin quemarse y mirar sus ojos sin ahogarse en ellos...
-Eres vida de mi vida, muerte de mi muerte- dijo Annete,
-Tu sonrisa es un desierto, pero tu voz ahora invoca a los ángeles más puros, Annette, hoy has hablado y no hay luz más brillante que la de este día- ,le dijo el hombre y la beso.
El bosque renacía con la vida que surgió de quien causo su muerte por tantos años, en el secreto de sus confines el silencio era el sonido mas tenue y los seres mas bellos se amaban.
1.2.13
Sueños que suspiran
