6.5.14

Rumores del tiempo

El camino a casa huele a pensamientos y prímulas; las almas de las memorias muertas estremecen mi piel al tacto de sus ásperos silencios. Bajo el invierno de mis pies se duerme el recuerdo de quien solía ser, de quien soy y de quien sería.  Futuros lejanos, pasados marchitos y presentes... presentes en capsulas de segundos, compuestos de miles de sueños y anhelos desprovistos de despertares bajo las cadenas perpetuas de la palabra imposible. 
El camino a casa es un espacio vacío lleno de realidades que desconozco, un vacío que se posa en mí durante un tiempo no demasiado largo para luego marcharse a otros lugares, a otros cuerpos. Un vacío que me tiene frente a un vasto desierto. Un desierto que se parece a mi rostro. Y casi podría decir que lo comprendo. 
Voy hacia donde alcanzan mis manos, hasta donde la vista se torna borrosa y la voz suspira entre vientos la vida que galopa entre nubes; como caballos de existencias que hacen girar mi mundo. Trazando una linea entre el cielo y la tierra, las estrellas hablan de un pasado olvidado, e historias que el destino aún no ha escrito y a pesar de saber que está es la ultima noche, se que puedo soñar y vivir, a su vez. Y que el tiempo fluye dentro de un reloj sobre mi mano... pero jamas sera mío.


2 comentarios:

Azul dijo...

Totalmente cierto, me encanta.

abrazos ( de oso )

Gélida dijo...

Que bien volverte a leer Nicolás, lo cierto es que me das mucha envidia, ¿cómo lo haces?¿cómo te superas y me sorprendes más y más a cada entrada que escribes? Yo también siento el vacío.

Saludos.