17.12.13

Tenues contrastes

Estoy aterrado, a pesar de la luz que cada día se rompe lejos sobre el horizonte. Temo mirar a la gente, a pluralizar mis pensamientos, y cristalizar mi cobardía. No puedo romper el cristal que separa la materia del espíritu, no puedo mirarme a un espejo donde me veo con otros ojos, y desear desesperadamente ser un ave, ser una nube, ser una raza completamente desconocida. Le temo a la muerte, por eso prefiero aceptar la vida que apenas conozco e ir esquivando horas y momentos. Me falta coraje para morir gritando, así que mi silencio se desborda en una agonía, en una lenta construcción de la paz. Estoy asustado de esas noches en la que la soledad me hace descubrir la luz, ya que es una conformidad de las almas inquietas, una semejanza de uno hacia otro, suspiros, sueños, lágrimas, nuestras canciones, algunas de las cuales irradian la verdad. Tengo miedo de la noche porque en ella no soy capaz de despertar a decirte que te amo, en ella no soy capaz de despertar a perdonar a aquellas heridas. Tengo miedo de brillar en los tenues contrastes... puede ser una inquietud más fuerte de transmitir a mi alma un deseo de pensar por un momento acerca de la vida y la muerte. Es difícil para mi evitar estos miedos, de ser un pequeño reflejo de la belleza de la inexistencia. No puedo evitarlo, tengo miedo y nunca sabré si la verdad que me rodea es justa.  

3 comentarios:

Laura. dijo...

Es la primera vez que entro a tu blog y debo decir que desde el diseño me gustó. Veo que escribes muy seguido, ojalá tuviese tantas cosas por decir. Acerca de la entrada, pues creo que todos nos escondemos de algo, ya sea de lo que nos rodea o de nosotros mismos. Me gustaría decir algo alentador pero siendo honesta, soy la menos indicada. Y vuelvo a sentir la necesidad de decir que me encanta el diseño del blog :) Saludos!

Elizabeth Romero dijo...

Siempre hay más de alguna frase en tus textos que me encanta. En este caso hay muchas. ¿Me atrevo a decir que esta entrada es una de mis preferidas? Creo que sí.

Yaiza dijo...

Lamento haber tardado tanto en volver a dejarme caer por aquí, pero ya irás conociendo mi desastre, el que me impide ser regular. Eso sí, de vez en cuando aún me tendrás por aquí.

La verdad es que, de todo el texto me quedo con la parte de querer ser una nube. No sé por qué, pero me transmitió una insondable sensación de tranquilidad y quietud, y a la vez la libertad de ser algo que flota sobre nuestras cabezas. Es algo curioso cuando lo piensas un poco más, porque al fin y al cabo las nubes son vapor condensado, y tan pronto se forman como se desvanecen. Quizá sea eso precisamente lo que nos llama de ellas, su manera de existir, tan efímera pero a la vez bella.

Sigue así,

Yaiza.